Mucho más que un cuento para niños…

Extracto del libro "Momo", por Michael Ende

“Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial, dirán, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar.

Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única. (…)

Y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida y que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones, y que no importaba nada y que se podía sustituir con la misma facilidad que una maceta rota, iba y le contaba todo eso a la pequeña Momo, y le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era sólo había uno entre todos los hombres y que, por eso, era importante a su manera, para el mundo.

¡Así sabía escuchar Momo!”

Reconocido internacionalmente como uno de los principales escritores de literatura juvenil, Michael Ende nos regala en este libro una gran lección: la escucha consciente a través de la figura de una niña.

Este fragmento de la obra nos sirve para poder analizar y ejemplificar la acción de la escucha a través de la cualidad de ser y estar plena, que podemos observar en la infancia y que, como habilidad desarrollada, nos sirve en nuestras relaciones como forma de enriquecer a los demás y a nosotros mismos.

La temática principal sobre la que gravita este libro cuenta la historia de Momo, una niña huérfana cuya principal característica es tener una gran curiosidad y poder de concentración en la escucha. Todo su mundo se torna fascinante en la medida que escucha atentamente su entorno, los integrantes de su comunidad, sus problemas, sus sueños y sus relatos.

Esta escucha atenta enriquece enormemente el mundo interior de Momo, pero lo más insospechado es el efecto que genera en los demás. Cuando Momo los escucha atentamente, sus amigos se sienten exultantes. Recibiendo su atención plena son capaces de cambiar sus perspectivas y ampliar su mente, son más tolerantes, sociables y en consecuencia se sienten más felices.

Escuchar el tiempo...

Los grandes antagonistas de esta historia son “los hombres grises” o “ladrones de tiempo”. Estos sujetos trajeados exigen a las personas contabilizar cada momento de su vida, presionándolos con prisas y ruidos constantes, alegando que, para ser valioso, todo tiene que ser productivo y redituable económicamente o de lo contrario, no tiene valor alguno.

Poco a poco la gente deja de tener tiempo para la pequeña Momo. Incluso sus amigos que van a la escuela, institución normalizadora del tiempo y la productividad, no la visitan porque con 8 o 9 años, ya no tienen tiempo. Todos dejan de tener tiempo para ser escuchados, dejan de tener tiempo para escuchar y se vuelven irritables, taciturnos y solitarios. Toda la felicidad se escapa en cada segundo que permiten que los hombres grises compartimenten su tiempo. De esta eficiencia extrema viven y se nutren los ladrones de tiempo.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…

Esta historia nos toca también en nuestra actualidad con un fenómeno muy vigente:

La pérdida progresiva de la escucha plena como acción solidaria y compasiva, en favor de un mandato social de productividad y eficiencia, que va obturando una habilidad esencial para vincularnos socialmente y para generar redes familiares, de amistad y comunidad.

En contraposición, la velocidad, el ruido y la agitación se asocian hoy con la “vitalidad” y la “productividad” como requerimiento fundamental para ser valioso socialmente. Los vínculos sociales están reducidos a espacios ilusorios como forma de experimentar la “conexión”, que en verdad nos proporcionan solo interacciones superficiales con las personas y los entornos, generando como consecuencia individuos con grandes sentimientos de vacuidad.

En mi opinión, para recuperar la escucha, es imprescindible revitalizar los espacios de reunión, crear nuevas ágoras que llamen a reunirse espontáneamente. Es imprescindible repensar el sentido del tiempo, con sus pausas y silencios, así como activar la curiosidad y el interés genuino por el otro, por su mundo interior y por aquello distinto que me cambia, sin colonizarme.

De esta forma es que, a través de este espacio me he propuesto analizar algunos de los aspectos que caracterizan a la escucha plena y sus implicancias en el desarrollo de mejores habilidades sociales. Incentivar a nuestros niños a conservar la curiosidad auditiva, la escucha y la atención plena para que, en el futuro, sean ciudadanos plenos de generosidad y empatía.

Animo a todos a conectarse profundamente con una mayor calidad de escucha interior y exterior, para seguir aportando a todo aquello que creemos es importante para rescatar valores que nos ayuden a convivir y a compartir las inquietudes de la existencia.